Dezső Kosztolányi [ˈdɛʒøː ˈkostolaːɲi] de Nemeskosztolány (Subotica, 29 de marzo de 1885 – Budapest, 3 de noviembre de 1936) fue un escritor húngaro de exitosa carrera como periodista, novelista, poeta, crítico literario, ensayista y traductor. Fue primo de Géza Csáth.
Biografía
Su padre fue Árpád Keskolányi Nemeskosztolányi (1859-1926), profesor de matemáticas, y su madre, Eulalia Brenner (1866-1948), Su abuelo había sido oficial en el ejército revolucionario de 1848. Nació en Szabadka (Subotica) en 1885, entonces parte del Imperio austrohúngaro y de Serbia. En esta ciudad se inspiraría para crear la ficticia Sárszeg, en la que se sitúan sus novelas Alondra y La cometa dorada. Durante la segunda enseñanza se distinguió por su talento precoz y por su buen estilo. Estudió letras en la Universidad de Budapest, donde trabó amistad con los poetas Gyula Juhász (1883-1937) y Mihály Babits (1883-1941), a quien llamó "hermano espiritual" porque ambos veneraban religiosamente la forma y amaban su lengua, de la que eran maestros aún no superados. Estudió en Viena durante un corto periodo de tiempo.
Con 21 años abandonó la Universidad para dedicarse al periodismo, profesión en la que trabajó toda su vida. En 1907 se publica un primer volumen de composiciones líricas, (Entre cuatro paredes), que le reveló como poeta muy original. En 1908 sustituye al poeta Endre Ady (1877-1919) como reportero de un diario de Budapest. En el libro de poemas Los lamentos del pobre niño (1910), aparecen ya las características esenciales de su arte: el amor hacia las pequeñas experiencias de la vida cotidiana y un encantador intimismo. Supuso un éxito a nivel nacional que marcó el inicio de una prolífica etapa en la que prácticamente publicaba un libro por año. En los volúmenes ulteriores de poesía (Concierto otoñal, Magia, Amapola, Pan y vino, y, sobre todo, Los lamentos del hombre triste, 1924, y Desnudo, 1928, de la etapa de su plena madurez) se aprecia un sentimiento de la soledad del hombre extraviado en la selva de la metrópoli, un humorismo sutil, levemente grotesco, un temor creciente a la muerte y un afecto cada vez más tierno hacia el mundo exterior.