William Godwin (Wisbech, 3 de marzo de 1756 - Londres, 7 de abril de 1836) fue un político y escritor británico, al que se considera uno de los más importantes precursores del pensamiento anarquista. Es, a su vez, célebre por las mujeres con que estuvo vinculado a lo largo de su vida: se casó con la escritora feminista Mary Wollstonecraft en 1797 y junto a ella tuvo una hija, también llamada Mary, que pasó a la posteridad como la autora de la novela gótica Frankenstein.
Vida y obra
William Godwin nació en Wisbech (Condado de Cambridge), tanto la familia paterna de William Godwin como la materna eran considerados como clase media, razón por la cual solo se puede considerar como una broma del propio William el hecho de que él, un político reformista y filósofo radical, intentara trazar su apellido hasta los tiempos de los normandos y vincularlo al gran conde Godwine. Ambos padres (John y Anne) eran considerados calvinistas estrictos. Su padre, un sacerdote separatista, murió joven y nunca inspiró mucho cariño o pena en su hijo; pero, a pesar de sus diferencias de opinión, las relaciones de afecto entre William y su madre siempre existieron hasta su muerte a una edad muy avanzada.
William fue educado en la profesión de su padre en la Academia Hoxton, donde estudió bajo la tutela del biógrafo Andrew Kippis y del enciclopedista Abraham Rees. Al principio era más radical en su calvinismo que sus propios profesores, llegando a ser considerado un sandemaniano o glasita (seguidor de John Glas).
Tras sus estudios ejerció como sacerdote calvinista en Ware, Stowmarket y Beaconsfield. Y fue en Stowmarket donde, a través de un amigo con fuertes opiniones republicanas llamado Joseph Fawcet, las enseñanzas de los filósofos franceses llegaron a él. En 1782 se trasladó a Londres, siendo todavía teóricamente un sacerdote, con la idea de regenerar la sociedad a través de su pluma — un verdadero entusiasta que no se encogía antes las conclusiones a las que le llevaban las premisas de las que partía. Adoptó los principios de los enciclopedistas, y en su ánimo estaba la abolición de todas las instituciones existentes: políticas, sociales y religiosas. Sin embargo, creía que un debate calmado era lo único que se necesitaba para realizar todo cambio, y desde el principio hasta el final de su carrera, despreció todo recurso a la violencia. Era un filósofo radical en el sentido más estricto del término.